miércoles, 31 de octubre de 2012

La noche eterna y las islas de luz


«En los idiomas europeos la palabra noche está formada por la letra N más el número ocho en la respectiva lengua. En esta fórmula N representa el símbolo matemático de un conjunto de números naturales que por definición no son finitos (1,2,3,4…); y el ocho recostado es el símbolo infinito desde la antigüedad. Es así como se conforman noite (n + oito), night (n + eight), nacht (n + acht), nuit (n + huit), etc.

La noche se vuelve así un elemento del lenguaje, un concepto que representa lo interminable, lo inabarcable, lo que se expande infinitamente. Más allá de lo que se puede decir, desde lo matemático hasta lo místico.

La noche se perfila como el vacío de imagen, como lo irrepresentable. Así es como todo lo que surge en el centro se vuelve teatral, pues es representación, puesta en escena, dibujada contra el fondo abismal de lo inabarcable».


Ojalá que alguien más que Death Cab for Cutie nos cante que nos seguirá en la oscuridad insondable.
Ojalá verse en la noche eterna, que Oniria e Insomnia no sean los únicos en encontrarse. 
Ojalá quien  se asome al abismo solo para que le devolvamos la mirada.

Viajar al fin de la noche y que haya alguien esperando: esperándote. De pronto una isla de luz, un faro de gracia, en la nada —el abismo, ese todo una gasolinera en el mejor puto momento en que la necesitas. De repente la chispa que te arranca a la vida, arder, sentir la punzada perdida. Perdida y encontrada. De repente resulta que la VIDA.

Ojalá todo eso sin entonar la balada del perro miserable que aulla solo en la noche, allá afuera, muy lejos, sin estrellas. 


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